Cuando una ausencia incomoda más que sus causas

Una reflexión sobre absentismo laboral, condiciones de trabajo y sostenibilidad a partir de la campaña de FAE Burgos

Hay campañas que no incomodan por el tema que abordan, sino por el lugar desde el que deciden hablar.

La reciente campaña de FAE Burgos sobre absentismo laboral parte de una preocupación legítima: el aumento de procesos de incapacidad temporal, su impacto en la organización de las empresas y la dificultad creciente de muchos equipos para sostener ritmos productivos estables. Nadie que conozca mínimamente el tejido empresarial puede negar que ahí hay un tema real que abordar.

Pero una cosa es nombrar un problema y otra muy distinta decidir desde qué marco se nombra.

“Cuando faltas… nos atascamos”, dice una de las piezas centrales de la campaña, acompañada por la imagen de varias personas atrapadas en un ascensor.  La frase es eficaz. Precisamente por eso conviene detenerse.

Porque en muy pocas palabras ya distribuye posiciones: tú faltas, nosotros sufrimos. Tú produces una ausencia, el sistema se bloquea. Y sin embargo, quizá la primera pregunta que falta ahí es otra: ¿qué está pasando para que tantas personas falten, enfermen o no logren sostener su presencia en el trabajo?

Cuando una campaña parece llegar con el diagnóstico ya hecho

Una de las cuestiones que más me inquietan es que, mientras se anuncia la voluntad de crear un observatorio sobre absentismo en Burgos para comprender mejor el fenómeno, la campaña ya parece haber fijado de antemano un marco interpretativo. Antes de observar, ya se ha sugerido una lectura moral. Antes de escuchar, ya se ha activado una apelación directa a la responsabilidad individual.

Eso no significa que el problema no exista. Significa que quizá el orden importa. Porque un observatorio puede ser una herramienta valiosa precisamente cuando ayuda a suspender conclusiones apresuradas. La campaña menciona aumentos globales de procesos y duración media de bajas. Pero habría sido muy distinto poder leer, por ejemplo:

  • cuánto corresponde a bajas largas y cuánto a bajas breves
  • qué peso tiene la salud mental
  • qué franjas de edad concentran más procesos
  • qué diferencias aparecen entre sectores industriales, servicios o logística
  • cuánto absentismo responde realmente a enfermedad común, cuánto a accidente y cuánto a otras causas

No es lo mismo hablar de un fenómeno homogéneo que de una realidad profundamente heterogénea.Y sin ese matiz, el riesgo es construir una conversación donde la sospecha llega antes que la comprensión.

Mirando de cerca una historia muy concreta

Hace tiempo que tengo la sensación de que en muchas conversaciones sobre trabajo seguimos usando categorías antiguas para nombrar malestares muy actuales. Se habla de compromiso, de responsabilidad, de implicación, como si el problema fuese únicamente una disposición individual.

Un buen amigo trabaja en una empresa de mantenimiento de ascensores. No hablo desde la teoría, sino desde haber visto cómo, poco a poco, el trabajo va ocupando espacios que en el contrato parecían razonables y en la práctica dejan de serlo. Le prometieron radios de desplazamiento a pie asumibles y luego aparecieron recorridos que cruzan la ciudad desde la barriada Yagüe a Villímar.
Le prometieron condiciones organizadas y se encontró con guardias encadenadas sin el descanso posterior anunciado. Le prometieron marcos compatibles con su vida cotidiana y, sin embargo, organizar semanas para cuidar, descansar o simplemente prever una tarde con sus hijos se volvió una negociación permanente.

Seguro que tú que me lees conoces casos similares: las secuelas de toda una vida trabajando a turnos, las vidas laborales con más de 5 y 6 páginas, o la imposibilidad de seguir el ritmo de la cadena a partir de los 55… Nada de esto he visto que aparezca en los folletos. Y sin embargo también forma parte de la conversación sobre absentismo.

Porque un cuerpo no se agota de golpe. Se desgasta por acumulación. Por horas fragmentadas. Por promesas laborales que se van corrigiendo siempre hacia el lado de la empresa. Por la dificultad de sostener disponibilidad continua sin deterioro personal.

Campaña sobre absentismo laboral en Burgos y reflexión sobre condiciones de trabajo

No trato de negar que existan abusos, ni de ignorar que una baja injustificada afecta a compañeros, clientes y a la empresa. El fraude existe y conviene combatirlo.

Pero quizá el problema empieza cuando una campaña coloca muy pronto palabras como “fraude”, “responsabilidad” o “compromiso” antes de mostrar la misma disponibilidad de la organización para preguntarse qué parte de responsabilidad suya también está en juego. Porque una ausencia puede afectar a un equipo. Pero también conviene preguntarse: ¿qué tipo de organización hace que una sola ausencia desborde tan fácilmente el sistema?

Hay entidades que están abordando esta cuestión desde marcos algo más complejos:

  • Unión de Mutuas o Mutua Navarra que han optado por campañas centradas en el bienestar emocional y el acompañamiento ante el aumento de problemas de salud mental en el trabajo, desplazando la conversación desde la sospecha hacia la corresponsabilidad preventiva.
  • Cámara de Comercio de España, primero analiza y comparte su informe sobre absentismo, introduce variables sectoriales, organizativas y demográficas antes de convertir el fenómeno en lectura moral.

No porque nieguen el problema, sino porque entienden algo importante: nombrar un problema social también es decidir qué parte de complejidad dejamos dentro y cuál expulsamos.

Quizá por eso me cuesta aceptar del todo una narrativa que interpela al trabajador desde el deber, sin mostrar primero una mínima autocrítica institucional. Porque hoy muchas empresas están intentando comprender por qué les cuesta más retener, motivar o sostener determinados compromisos laborales, especialmente entre generaciones jóvenes.

Cierra la campaña un :»Tu responsabilidad hoy refuerza la sostenibilidad del mañana”. A veces tengo la impresión de que usamos la palabra sostenibilidad con demasiada facilidad. Sostener una actividad económica no debería equivaler simplemente a mantenerla funcionando, sino a preguntarnos qué coste humano, temporal y relacional exige para seguir en pie. Si para sostener una organización necesitamos normalizar cansancios acumulados, márgenes cada vez más estrechos o conciliaciones imposibles, quizá convenga revisar qué estamos llamando exactamente sostenible.

Escuchar antes de concluir

Por otra parte, una conversación no puede abrirse de verdad si se parte de una sospecha moral previa. No toda empresa es responsable de todo, ni todo trabajador tiene razón siempre. Si una campaña introduce tan pronto palabras como “fraude”, “responsabilidad” o “compromiso” sin una mínima señal de autointerrogación, el mensaje corre el riesgo de cerrar antes de comprender. Y yo creo que ahora mismo necesitamos justo lo contrario.

Necesitamos entender mejor. El trabajo ha cambiado, el cansancio ha cambiado, la relación con el tiempo ha cambiado y muchas veces seguimos hablando como si nada de eso hubiera ocurrido.

Una ausencia nunca es neutra. Pero tampoco deberían ser neutras sus causas.

Quizá la conversación adulta no sea simplemente pedir responsabilidad, sino preguntarnos qué condiciones hacen hoy posible seguir estando sin romperse.

Y quizá, antes de decirle a alguien “cuando faltas nos atascamos”, convendría preguntarnos con honestidad qué parte del trabajo llevaba tiempo atascándose antes.

¿Te ha gustado este artículo?