Lo que aparece cuando una empresa se detiene a escuchar: el caso de Norsol
Hay organizaciones que empiezan sus procesos de sostenibilidad preguntándose qué sello conseguir, qué memoria publicar o qué evento de team building comunicar.
Y hay otras que empiezan por algo bastante menos visible —y probablemente más importante—: pararse a escuchar.
Llevamos meses acompañado a Norsol en su crecimiento, trabajando en mejora continua y en sostenibilidad. En este caso queremos poner foco en lo aprendido en una actividad muy significativa que ha sido la jornada de escucha compartida con grupos de interés (los famosos stakeholders): equipo, clientela, proveedores, colaboradores y otros agentes del territorio con los que la empresa se relaciona y construye día a día.
La sesión coincidió además con un momento relevante para la organización: la obtención de la certificación ISO 9001. Pero lejos de plantearlo como una meta cerrada o un gesto de validación externa, el proceso abrió conversaciones mucho más interesantes sobre cómo crecer sin perder aquello que hace reconocible a una empresa.
Y quizá eso fue lo más valioso.
Porque cuando se generan espacios honestos de conversación aparecen cuestiones que rara vez entran en los documentos estratégicos: el cansancio, la velocidad de los cambios, la sensación de incertidumbre constante, la dificultad de sostener relaciones de confianza en entornos cada vez más acelerados o la preocupación por cómo evolucionará el sector en los próximos años.
También aparecen los pequeños miedos cotidianos que acompañan cualquier espacio colectivo: qué se espera de mí, si esto servirá realmente para algo o cuánto tiempo podremos sostener conversaciones que no tengan respuestas o consenso inmediatos.
Curiosamente, al acabar estas sesiones, casi siempre ocurre lo mismo: los equipos piden más tiempo para practicar la escucha y para expresarse desde estos lugares que aquélla genera. Sienten lo que ponía en palabras (y te invitamos a profundundizar) la filósofa Simone Weil:
«La atención es la forma más rara y pura de generosidad»
En una época marcada por la hiperreacción y la velocidad, escuchar se está convirtiendo en una práctica cuasi-revolucionaria y, precisamente por eso, más necesaria. Escuchar sin defenderse. Sin preparar la respuesta mientras la otra persona habla. Sin necesidad de cerrar rápidamente una conclusión.
Durante la sesión trabajamos con tres preguntas sencillas en apariencia, pero con mucha profundidad cuando se sostienen colectivamente:
- ¿Qué está cambiando hoy que hacen que sea más difícil trabajar bien?
- ¿Qué hace que una empresa sea confiable?
- ¿Qué cosas consideráis importantes que Norsol tiene que tener en cuenta en el futuro?
Las respuestas no construyen automáticamente una estrategia. Pero sí generan algo previo y esencial: contexto compartido.
Y eso es especialmente importante en un momento en el que muchas pequeñas y medianas empresas empiezan a preguntarse cómo abordar la sostenibilidad y el impacto positivo, sin caer ni en la improvisación ni en la burocracia vacía.
Cada vez vemos más organizaciones que sienten cierta presión por “hacer algo” en sostenibilidad, pero que todavía no tienen claro por dónde empezar. En ese escenario, los espacios de escucha y análisis colectivo permiten construir una base mucho más sólida que empezar directamente por indicadores o herramientas desconectadas de la realidad cotidiana de la empresa.
Además, este tipo de procesos aportan información muy valiosa para desarrollar ejercicios de análisis de doble materialidad (uno de los elementos centrales de los marcos europeos de reporte en sostenibilidad). Ésta no consiste únicamente en identificar impactos ambientales, sociales o riesgos económicos. También obliga a comprender qué asuntos son realmente relevantes para las personas y grupos que forman parte del ecosistema de la organización y cómo esos asuntos pueden afectar tanto a la empresa como al entorno social y ambiental del que depende.
Y eso difícilmente puede hacerse solo desde un Excel.
Escuchar permite detectar tensiones, expectativas, riesgos, oportunidades y percepciones que rara vez aparecen en un cuestionario cerrado. Permite entender qué preocupa, qué genera confianza y qué contradicciones existen dentro de la propia organización y en relación con su contexto.
A partir de ahí sí pueden venir otras herramientas: planes directores de sostenibilidad, cuadros de mando con sus KPIS u OKR (según la escuela que más convenza al CEO), reporting o estructuras de gobernanza más definidas.
Pero intentar construir todo eso sin conversación previa suele generar estrategias técnicamente correctas y humanamente desconectadas.
En el caso de pequeñas y medianas empresas, además, resulta especialmente interesante observar hacia dónde apuntan los marcos como BCorp, ISO 26001, SGE21 de Forética en España o los europeos para evaluar el desempeño de la sostenibilidad, con su estándar específico para pymes, VSME (Voluntary Sustainability Reporting Standard for SMEs), por sus siglas en inglés). Todos parten de una premisa: la escucha de las partes interesadas para evaluar la doble materialidad.
Más allá del cumplimiento normativo, estos marcos están señalando algo importante: la sostenibilidad ya no puede entenderse solo como comunicación o reputación, sino como capacidad de adaptación, gobernanza, escucha y planificación a largo plazo.
Y quizá por eso procesos aparentemente sencillos como una sesión de escucha terminan siendo mucho más relevantes de lo que parecen.
Desde Resiliando entendemos estos espacios como parte esencial de cualquier proceso de transición. No porque sustituyan las herramientas técnicas, los indicadores o los marcos de gestión, sino porque permiten construir algo previo y más profundo: capacidad colectiva para pensar juntos hacia dónde se quiere avanzar y desde qué lugar hacerlo. Si sientes que vuestra organización necesita parar un momento para ordenar conversaciones, prioridades y dirección antes de seguir acelerando, quizá merezca la pena abrir ese espacio.
La sostenibilidad real rara vez empieza con respuestas perfectas.
Suele empezar con organizaciones dispuestas a hacerse preguntas honestas.


