Donde empieza la comunidad

Las reuniones no empiezan cuando se abre una pantalla.
Empiezan antes.
Empiezan en el cuerpo con el que llegamos, en la noche que hemos dormido, en el café que todavía humea, en los hijos que ya están despiertos o en los negocios que hemos dejado abiertos a medias para poder estar.

Esta mañana, en la charla madrugadora de la comunidad Yo soy Comercio sostenible con Blanca, la directora de la planta de Gala en Burgos, alguien propuso algo sencillo y, por eso mismo, radical: parar un instante y preguntarnos cómo veníamos.

Del uno al diez.
Sin justificaciones.
Sin necesidad de brillar.

Nombrar la energía con la que llegamos es una forma de cuidado. También de honestidad. Porque no siempre estamos al diez, y aun así seguimos viniendo. Quizás eso ya sea una forma silenciosa de compromiso.

En ese gesto pequeño empezó a construirse algo grande.

Decir quién soy, decir qué traigo

Una a una, las voces fueron apareciendo. Comerciantes, artesanas, emprendedoras, mujeres con historias largas y mujeres que acaban de empezar. Cada una puso su nombre, su oficio y algo más difícil de decir: qué traía al encuentro.

No hablamos solo de expectativas. Hablamos de ganas, de cansancio, de ilusión, de aprendizaje. De ofrecer lo que se tiene, no lo que se espera que se tenga.

Tal vez las comunidades empiezan así: cuando dejamos de presentarnos solo por lo que hacemos y nos permitimos decir desde dónde estamos.

El oficio de cuidar lo cotidiano liderando sin alzar la voz

En la conversación apareció una idea que se repite en quienes sostienen negocios pequeños: lo que da sentido no es únicamente vender, sino acompañar. Aconsejar bien. Ver volver a alguien con una sonrisa. Crear espacios donde se desconecta un rato del ruido y se vuelve a casa un poco más ligera.No es un discurso épico. Es una ética discreta.


La del trabajo bien hecho.
La de la cercanía.
La de saber que lo local no es pequeño, sino cercano.

En un mundo que acelera, estas prácticas sostienen.

Blanca nos mostró también una forma de liderazgo que no necesitó imponerse. Un liderazgo que preguntó más de lo que explicó. Que se dejó interpelar. Que no vino a cerrar conversaciones, sino a abrirlas.

Cuando alguien lidera así, algo cambia en el ambiente. Las personas se enderezan en la silla. Se atreven a hablar. Se reconocen entre ellas.

Quizás liderar sea, a veces, crear el silencio suficiente para que aparezcan las preguntas importantes.

Contarnos para no desaparecer

De la conversación surgió un deseo compartido: contarnos. Decirle a la sociedad quiénes somos y qué defendemos. No para convencernos entre nosotras, sino para abrir diálogo. Para disentir incluso. Para no volvernos invisibles.

Escribir juntas un manifiesto, ir a la radio, poner palabras a lo que se vive cada día en las tiendas, en los talleres, en los barrios. Nombrar lo que sostiene.

Porque lo que no se nombra, se diluye.
Y lo que se comparte, encuentra aliados inesperados.

Una pregunta para llevarse

Quizás no se trate de grandes estrategias.
Quizás baste con preguntarnos más a menudo:

¿Estamos creando espacios donde las personas puedan llegar como llegan?

Si la respuesta es sí, algo importante ya está ocurriendo.

Y ahora, ¿qué hacemos con todo esto?

Aquí viene la parte menos cómoda y más necesaria: llevarlo a la práctica.

Te proponemos algo sencillo. Casi doméstico.
En tu próximo encuentro —una reunión de equipo, un café con otras personas emprendedoras, una conversación informal en tu negocio— prueba a empezar igual:

  • Pregunta cómo llegan.
  • Da espacio a que se nombre la energía, sin corregirla.
  • Invita a que cada persona diga qué trae para el grupo, aunque no sea perfecto.

Observa qué cambia.
Observa si la conversación se ensancha.
Observa si el tiempo, curiosamente, cunde más.

Y si te apetece, cuéntanos qué sucede. Escríbenos. Compártelo en redes con el hashtag #resiliando. No buscamos casos de éxito, sino aprendizajes honestos. De esos que se construyen despacio y en compañía.

Porque Resiliando no es solo un proyecto.
Es una práctica cotidiana.
Y empieza, casi siempre, con una pregunta bien formulada y alguien dispuesto a escuchar.

PD
Aprovecha lo pequeño. Ahí, en esos márgenes aparentemente insignificantes, suele empezar lo verdaderamente transformador.

(*)Yo soy comercio sostenible es uno de los proyectos que acompañamos para el Ayuntamiento de Burgos y la Cámara de Burgos. Si quieres leer más sobre equipos, aquí tienes otra entrada sobre la Química que los une.

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